«En 1.998, y quizás animado por este descubrimiento del orientalismo en su pintura, Antonio Casquete de Prado se entrega de lleno a la pintura de aguadas en tinta china negra. Los elementos materiales se simplifican notablemente en sus obras, que llegan a ser una manifestación de un mensaje interior comunicado al espectador. Abundan, como en su obra anterior, los paisajes, pero también aparecen trozos paisajísticos parciales, porque ya son suficiente para expresar el mensaje. A veces son unos árboles solitarios, o unas plantas como abandonadas, o unos pájaros que se quedan parados en ramas secas. Da lo mismo. El tema pasa a ser un medio de comunicación iniciado, que tendremos nosotros que completar al ver el cuadro. El color desaparece: las gradaciones en las tonalidades dan, en la brevedad de la aguada negra o grisácea, una variedad enorme de sentimientos dibujados.»

Fragmento de la presentación de la exposición de Aguadas en Sevilla (1999), que realizó el experto en arte oriental Fernando García Gutiérrez S.J. 

Gallo en un viejo tronco. 1999. Aguada sobre cartulina