Antonio Casquete se ha decidido a presentar esta muestra de su pintura. Quizá le hayamos animado algunos amigos a esta presentación, porque Antonio es un pintor remiso, recogido en su casa de Segura de León, alejado de cenáculos, voleado sobre sus libros, atento a las pulsaciones estéticas del mundo y hacedor laborioso, poco preocupado por hacerse conocer. “Largos en hacellas y cortos en contallas” se definían los extremeños en sus hazañas, y ello sigue siendo constante virtud o pertinaz defecto racial. Antonio vive en la marca santiaguista de San Marcos de León, señoreada por la sierra de Tudía que parte lindes entre Huelva, Sevilla y Badajoz. La serranía se hace aquí amena y matizada de colores. Pero mirando hacia el norte, hacia Fuente de Cantos, cuna de Zurbarán, hacia Valencia del Ventoso, se descubre una geografía descompuesta, de sustanciales margas, de pelados cerros, tierras de pan llevar, ahora arrebatadas por las solares geometrías del cártamo y del girasol.
Quiero con estas líneas situar a este pintor remiso, escondido en un pliegue de tierra. Me parece que ya podréis descubrir que se trata de un pintor acendrado. En Extremadura no es insélito encontrar estos caracteres, ni en su pintura esta manera profunda y substancial de acometerla. Alguna vez he dicho que los “primores de lo vulgar” fueron descubiertos por Zurbarán, y esta respetuosa manera de acercarse a la substancia de las cosas es lo que lo hace tan actual, como otro pintor extremeño, Ortega Muñoz, conmovió al mundo con su noble manera de evidenciar la materia. Digamos, pues, que Antonio Casquete, obediente a una estirpe estética de raza, se aplica acendradamente a hacer eficaz la presencia de la materia, a exaltarla, sin ningún género de énfasis, para que se haga envidente en su obra. Este predominio de la materia sobre la forma que conduce a una suerte de expresionismo táctil y una manifestación rotunda de la substancia. Los caminos abiertos al arte moderno por esta preferencia, han seguido un infinito abanico de opciones, que a veces se pierden banalizados por la “cocina”, tentación del actual virtuosismo, pero que es ajena a la manera de hacer de Casquete, en quien veréis siempre la genuina traducción de su sensibilidad.
Hondamente, honradamente, se afana el pintor en la búsqueda. A un lado van quedando las fáciles sugestiones. Penetrad en su hondura (nada hay aquí superficial). Ved cómo va ahondando en la opacidad de la materia, como va explorando en sus entresijos para sacar a la luz sus últimos secretos. Os será dado seguir el rastro de un contemplativo, el curso de su sensibilidad percibiendo nuevos hallazgos. Esto es lo que yo considero una labor acendrada.
En su gran mayoría los temas descritos son paisajes. Paisajes y retazos de una naturaleza híspida aparentemente. Los girasoles vangotianos cobran aquí nuevos, desconocidos perfiles. A veces encontraréis en los cardos, en los humildes cardos que evecan el último liego vegetal, una suntuosidad inesperada. Esta es la vara mágica del pintor de raza que sabe hallar pozos de belleza y hontanares purísimos donde sólo aparentemente triunfa la esterilidad.
Todo servido con una ternura contenida y una seriedad expresiva de tácitas elocuencias. Por eso hay que acercarse a su obra con la sensibilidad bien despierta. Sin ser un pintor arcano, sí es un artista con secreto. Adivinad el secreto de sus ritmos que no siguen nunca los fáciles alabeos de las formas, Adivinad el secreto de su profundidad. Y la sabia valoración. Y la asordada pasta. Y, en definitiva, su sincera manera, su substancial y entera manera (con entereza extremefia), de acercarse a las cosas de su mundo y rescatarlas a la contemplación, para traeros, desde su retiro segureño, este “inmortal seguro” de una obra gozada en el silencio.
Julio CIENFUEGOS
CRITICAS
“Quizás pudiera parecer pretencioso tratar de definir a una pintura recién nacida, cuando todavía han de reposarse y acrisolarse múltiples sugestiones que están pugnando en la obra del novel artista. Pero, en todo caso, yo acusaría la sobriedad de materia, una materia poco jugosa, elemental, sin arrequives efectistas, en la pura desnudez que exigen
las definiciones”…
Julio Cienfuegos Linares. “HOY”, Badajoz, 1955
“Antonio Casquete de Prado y Jaraquemada, es pintor de seguridades, de medida y tránsito firme, de realidad llevada al milímetro… Prodiga el tema castizo de la tierra y la atmósfera serrana, tal vez porque Él ve y siente entrañablemente esas cosas, o porque es lo que su espíritu busca como remanso para su vocación artística”…
M. M. C. “CORDOBA”, 1956
“Antonio Casquete de Prado y Jaraquemada nos trae un mensaje personal, propio y peculiar, que al enfrentarse con los motivos pictóricos de nuestras tierras y de nuestros hombres nos dará un pintor original que continuará la ininterrumpida línea de los grandes pintores extremeños”…
Santos Diaz Santillana. “HOY”. Badajoz, 1956
“En Casquete hay un futuro pintor extremeño que dará que hablar. Por eso le conviene huir de cualquier automatismo. Es de un carácter estudioso que debe plantearse el arte como problema e intentar resolverlo de acuerdo con su autenticidad”…
Julio Cienfuegos. “HOY”. Badajoz, 1957
“He aqui un artista de muy sutil sensibilidad. Dentro de la manera, aérea y traslúcida, de Pancho Cossío o de Diaz Caneja, se enfrenta con problemas de muy dificil solución y sale victorioso en el empeño”…
Federico Galindo. “DIGAME”. Madrid, 1959
“Antonio Casquete de Prado es más reflexivo como pintor, aunque también con un punto de personalidad que no debería perder, Está incorporado, para nosotros, el modernismo actual inteligente que busca su incorporación a nuevas normas y técnicas, y enfocado, además, hacia lo poético, hacia lo filosófico en el arte, que desemboca en el diálogo y
en la polémica”…
José Prados López. “RADIO ESPAÑA”, Madrid, 1959
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