Conocí por primera vez la pintura de Antonio Casquete, hace bastantes años, en una exposición que hizo, junto a su esposa Ana María Sagrera, en las Salas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz. Ya entonces, demostraba que era un excelente pintor, sobrio, serio y esencial, con conocimientos técnicos y sensibilidad.
También su esposa llamaba la atención por su jugosa pintura, brillante de color y rotunda de forma; lamentamos que una artista de esas cualidades no pinte actualmente.
Poco después, la Diputación Provincial de Badajoz le compró dos cuadros para el Museo de Bellas Artes, con toda justicia, muy representativos de esa época de su arte: uno, un paisaje de una era de encendidos amarillos y el otro una «naturaleza muerta» o bodegon, cuyo motivo era simplemente tres cartuchos de papel de estraza, utilizados durante aquellos años en las tiendas de «ultramarinos» que así todavía se llamaban.
En aquellas dos obras, de sobria técnica y temática sencilla, estaba el germen, la semilla, el inicio del camino que anunciaba su pintura
actual.
Hace unos días, cuando iba desde Badajoz a Segura de León, para ver los cuadros de ésta exposición, contemplé maravillado el impresionante paisaje entre Zafra y Fregenal que aquella amanecida A. Casquete de Prado brumosa del verano transformaba en algo insólito. Paisaje recio, de grandes lejanías y sobrios colores.
Cuando llegué a casa de Antonio Casquete y empecé a ver la colección de cuadros que atesora el estudio, tuve la sorpresa de continuar viendo, en las pinturas, aquellos mismos campos, luces extrañas y profundas lejanías.
Su pintura actual, de maestro en el arte, reúne en perfecto equilibrio fondo y forma, tema y técnica. La espatula semaneja con la facilidad que la sabiduría y la experiencia consiguen; unas veces modula una forma con vigor y espontánea dicción, otras esellevesoploalado que acariciala superficie y provoca el contraste
táctil.
Su temática es amplia; figuras, bodegones, animales y sobre todo paisajes. En éste último tema, el más abundante, encontramos los mejores aciertos. Aunque todos los cuadros nos parecen de gran calidad, queremos recordar algunos: «Paisaje solitario», sobrio y luminoso de finos matices; «Paisaje con olivos viejos», bellasinfonia de tonalidades marfileñas ; «Paisaje extraño», armónico ritmo ondulante y adecuado diálogo formal entre la aridez de la tierra y la seca encina; «Paisaje amarillo» acorde entre el ritmo vivo y la levedad de materia; «Paisaje de verano», tonalidad totalizadora que unifica los colores naranjas, violetas y sensibles verdes del cielo.
Dentro de la unidad temática en el paisaje, que obedecen a un mismo concepto estético,encontramos una rica variedad en el cromatismo, luminosidad y textura que son acordes con las diferentes horas del día o estaciones del año. Asi «Tierras quemadas», «Paisaje de invierno», «Pueblo de noche» o el magnífico «Paisaje con tierras blancas», armonía de tenue color, con acentos naranjas y el contraste tonal de las lejanas encinas.
Completa y acertada exposición, culminación de la obra de un artista de la tierra, cobijada por la historia y el tiempo en el Castillo de Segura de León, rodeada de los campos que contemplaron Hermoso y Pérez Jiménez, que supieron inmortalizar las gentes de éstastierras, labor que hoy continúa Antonio Casquete de Prado.
Francisco Pedraja Muñoz
Profesor de Historia del Arte de la Universidad de Extremadura
Director del Museo de Bellas Artes de Badajoz y pintor
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